
Epocas de vacas flacas...
Terneros librados a la suerte. Vacas flacas solas en medio del campo a punto de morir. Un paisaje que poco a poco se va naturalizando. La ganaderia como pequeña empresa está desapareciendo del Sudoeste bonaerense. En esta nota te contamos por qué es imposible para un pequeño productor vivir de su rodeo
Cuando Alberto arrendó el establecimiento “El Colorado”, allá por 1995, tenía 244 vacas,. Hoy le quedan unas 95 vacas y no más de 40 terneros guachos. El resto se murió. “Solo puede alimentarlos con un kilo de comida diaria, cuando, necesita por lo menos cinco. Alimentar a los 40 terneros le cuesta 50 pesos por día y Don Alberto no lo puede pagar y aún si pudiera, no lo recuperaría al momento de venderlos.

“Las vacas se mueren de hambre porque como no llueve no podemos sembrar pasto y no tenemos dinero para aguantar comprando alimento balanceado”.
Para Alberto Castillo como para tantos otros pequeños productores, las campañas publicitarias de los bancos no cuentan. Nadie le da crédito, ni un voto de confianza a su producción. El destino de esos terneros parece marcado. Aún dándole de comer no alcanzarán el peso mínimo como para la invernada.
¿Por qué hoy un productor pequeño no puede vivir de la ganadería?
A la hora de encontrar respuestas, abunda la confusión. Contaba un productor alarmado, que había escuchado los mensajes que deja la gente en las radios, y muchos creían que las vacas se están muriendo de sed porque el productor no les da agua. Cuando en realidad el problema es mucho más complejo.
Juan Groset, médico veterinario de Coronel Pringles, especialista en bovinos y equinos, explica de manera muy clara y didáctica el origen del problema y el proceso de producción de vacas.

“A pesar de los precios bajos, los productores trataron de resguardar el ganado y no vender, porque achicar significa salir de escala. Por eso se endeudaron para darle de comer a las vacas, gastaron todo y las vacas valen la cuarta parte de lo que valían hace unos años”.
¿Por qué se preocupan por mantener su rodeo?
“El productor que liquida su rodeo sale del negocio, se va y no vuelve más. Y ese lugar no lo ocupa nadie en la sociedad y por eso los pueblos se mueren. Porque ese productor generaba movimiento económico en el pueblo.
El que apuesta a seguir produciendo se funde. Se pierde la cultura del trabajo que significa riesgo, inversión y ganancia. Todo esto se está perdiendo”.
El negocio es el ternero
“El productor que tiene vacas lo que vende son terneros una vez al año. La cantidad de terneros marca la escala que tiene. Si es un productor grande, mediano o pequeño.”
Una vaca produce un ternero al año como máximo y depende de la alimentación y de la sanidad. Si la vaca no queda preñada, el productor le da de comer un año más esperando que se preñe. La eficiencia pasa por alimentar a la vaca. si la vaca no come no se preña”.
Según Groset, como en la zona de Cnel. Pringles hay sequía desde hace 3 años y no hay pasto, ha disminuido la cantidad de ganado. “Si miramos la cantidad de hacienda en el partido, disminuyó un 20 por ciento, pero en este año en los primeros diagnósticos de preñes como no le pudieron dar de comer a las vacas, hoy estamos hablando de una preñés del 50 por ciento, en el mejor de los casos”.
“Las vacas se mueren porque priorizan la crianza de ternero. Cuando la vaca deja de dar leche es que se está muriendo”.
Asegura que “la mitad de las vacas están vacías y en muy mal estado y que se venden al precio de un par de zapatillas de marca. Se va la “fábrica” que tarda 3 años en criar un ternero, a un precio vil. Al productor le genera un quebranto espantoso. Y a eso se le agrega que durante los últimos 3 o 4 años se han cerrado mercados a propósito, lo que hizo caer más aún el negocio. Hoy se habla de un precio de ternero del 60 por ciento de lo que era antes”.
“Esto quiebra la cadena productivo y su efecto dominó que arranca con los pueblos del interior hasta que llegue a las grandes ciudades. Es cuestión de tiempo”.
Marcela, directora de la Escuela Rural de Centena, ubicada a 32 kilómetros de Cnel. Suárez, cuenta que el despoblamiento comenzó cuando los propietarios de los campos comenzaron a emigrar con sus familias a las ciudades. “Y a medida que va pasando el tiempo, también se fueron los empleados. Con los problemas del campo cada vez tienen menos empleados y por lo tanto menos chicos en las escuelas de campo”.
Aclara que desde la dirección general de escuelas se hace lo imposible para que no se cierren las matrículas, que son sumamente bajas. “Yo tengo 4 de 19 que tenía cuando comencé a trabajar en la escuela, hace unos años. La educación es la misma tenemos los mismos programas, pero en realidad es un gran problema, porque nosotros vamos todos los días, pero lo que nos preocupa es como hacer para revertirlo. Si no tenemos gente en el campo”.
Si bien las escuelas rurales están bien equipadas la política en materia educativa y las dirigidas al sector rural, parecen opuestas. Mientras las primeras aseguran educación para todos aún cuando se trate de un solo alumno por escuela rural, los padres de esos mismos alumnos se ven prácticamente expulsados del campo por falta de trabajo y de condiciones mínimas para sostener un establecimiento productivo.




























